lunes, 8 de agosto de 2011

otro estrago anda suelto

- che, alguna novedad de kung fu?
- si, boluda. me invitó a salir este miércoles, pero no tengo ganas.
- uy no!
- y qué le puedo contestar? no tengo ganas...
- bueno, decile que te gustaría, pero que no podés... que en otro momento.
- te parece?
- si!
- pero si el flaco es un pesado, para qué le voy a contestar?
- no sé, para tenerlo ahí, como segunda opción...
- pero eso es de histérica, boluda.
- no. eso es de mina.
- de mina histérica. de mina boluda.
- y pero si el chabón es un histérico...
- si, pero no me interesa.
- estás segura?
- no.
- para eso borralo directamente, y cortale el rostro. es más fácil. ah, pero todavía no le contestes. por las dudas.


Mientras tanto imaginaba el resto del diálogo y quién sería kung fú. Me pareció conocer a un tipo que podría encajar perfectamente con ese apodo que le puso la amiga, al chongo de la amiga. Kung fú tiene treinta y pico al pedo. Las minas más curtidas le huyen porque lo intuyen demasiado complicado al pedo. Tiene actitudes paranoicas y ambivalentes. Se hace el profundo, pero resulta ser un superflúo prejuicioso. Es dañino y peligroso. Impredecible en mal sentido. Demasiado crítico, le falta tacto y hace bandera de su honestidad sospechosa. No deja en claro lo que quiere. Sólo le interesa, como a la minita, tenerte ahí, por las dudas, para orgullo de su egomanía. Te cuenta que escribe poemas, te los muestra y a vos te parecen una cagada, y cuando lo lees no te animás a decirle lo que pensás, pero no hacés ningún comentario. Te vende que toca la guitarra, y cuando se pone a tocar la guitarrita, y te dice que lo suyo es la improvisación sobre las canciones que suenan, te suena extraño, porque no te parece que el flaco que dice que su pasión es la música y los desarreglos musicales, realmente la tenga clara en lo que eligió como su pasión y motor de vida. Desconfía de vos, porque le serviste un líquido verde, que le hizo acordar a la absenta, pero que vos te encargaste de mostrarle que era licor de los Benedictinos de Victoria. Asocia eso, con el poema que escribiste de Yiya Murano, y piensa que lo quisiste envenenar, porque le bajó la presión en la fiesta a la que fueron, cuando en realidad eso fue culpa del paraguayo que se encargó de manguearle a los flacos del tablón, porque la cerveza ya se había acabado. Vos tratás de explicarle que las licencias poéticas, por algo son licencias, porque te metés en otro personaje y aprovechás para sugerir ciertas cosas que mejor mantenerlas en la fantasía, pero él no engancha eso, y menos engancha la explicación que le querés dar de cómo nació ese poema. Fue por la isla de Murano, la que tuviste la suerte de conocer en algún viaje, y que hiciste un juego con esa escenografía que parecía sacada del mismo infierno, porque la isla huele a azufre y porque viste cómo hacían para soplar el vidrio, pero eso a él no le interesa. A él le interesa decirte que se alejó porque le diste miedo y porque hiciste un comentario de la carrera política de tu viejo, pero a él no le interesa saber de explicaciones y vos ya te hartaste de darle explicaciones a alguien que le interesa un comino lo que tengas que decir, sino lo que él piensa. Los prejuicios, como vos le llamás. Se dice y se desdice todo el tiempo. Te llama y después se arrepiente. No lo entendés. Te cuenta que está cansado que no tiene tiempo, que está con mucho laburo, pero nunca te dice qué carajo está haciendo. Sólo le interesa chamuyar que es un hombre de cultura, que le gusta salir con sus amigos que son hombres de cultura. Que porqué no le presentás a las otras minitas que escribieron ese libro, y vos le decís, si querés, fijate en los contactos, que están el pie de página. Te dice que está cansado pero que todavía puede dar patadas voladoras y que le gusta caminar. Que ya no toma "alcol" y ya no fuma nicotina. Nicotina, porque lo otro no es capaz de convidar. Te pide la tuca de flores que sobró de la noche, y después te llama para decirte que tienen que dividir los gastos. Vos le decís, la próxima invitás vos, pero la próxima jamás llega, porque ya te cansó. Porque ya lo borraste. Porque no entendés cómo a pesar de toda la sarta de boludeces que se mandó, incluida la invitación a bailar el tango con un comentario de si puede llevar amigas, y vos le decís, si sabés que sí, traé a quien quieras, hacé lo que quieras, pero no me jodás más.

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