martes, 8 de marzo de 2011

la moderna

la moderna era la mejor amiga del ex: tu archienemiga n° 1.
-esa es la cagada del rol de novia, que nos trastoca el cerebro a las mujeres y nos programa para transformarnos en brujas malignas, posesivas e insoportables-
la moderna era la rubia con peinado horrible pero interesante, tenía flequillo palermitano y el pelo lacio, parecía tonto y retonto pero le quedaba bien porque su androginia le permitía jugar con esos excesos y esas sutilezas. tenía onda, hay que admitirlo. se ponía las ponys fluorescentes antes que nadie, sabía de tendencias y era una visionaria. superficial a la superficie, pero no tanto como el prejuicio de la envidia te lo hacía figurar. fanática de la tecnología, también drogona.
había algo que daba la sensación de vaciamiento y de extenuante tristeza. una persona así podría tener la autoestima alta y creérsela, pero elegía a los peores de novios y a los mejores de amigos. la típica amiga histérica que te llama para contarte cómo se curtió al novio que la maltrata y cómo filmaron videos porno que después se propagaron por la red y cómo aparecía de vez en cuando algún doble que quería afanarle la identidad pero cuando vos la necesitabas porque te había pasado algo parecido y querías que te escuchen, estaba muy ocupada para atenderte el teléfono.
ella siempre iba a necesitar de atención especial, de consideración y de entendimiento. y vos, que eras el amigo, ibas a estar siempre ahí, hasta el cansancio.
le perdonabas la estupidez porque era linda y copada. porque su sola presencia te iluminaba la cara. porque estaba siempre disponible para algún proyecto vanguardista, porque la moderna se dedica al arte posmoderno. y el arte posmoderno es un collage de cualquier cosa que puede ser horrible pero se dignifica en su originalidad de deshecho. la belleza de la basura. la belleza de la falacia.
la amiga moderna del ex era siempre un tema de conversación que mejor no tratar porque siempre daba lugar a discusiones pelotudas porque sin querer queriendo, detrás de ese desprecio que sentías por ella, sentías en realidad desprecio por vos misma y no podías hacer a la altura de semejante semblante. al final, la superficial terminabas siendo vos, que en vez de ocuparte de tu vida, vivías la vida de ella que no era tu vida como si fuera una pesadilla con riesgo de pérdida de lo más querido. por eso la odiabas. porque encima que era más joven que vos, a sus veintipocos años había hecho muchas más cosas que vos y ese desprecio que te protegía de sentirte una bosta, era en realidad admiración escondida y una inseguridad profunda y patética.
vos que no tenías ni el menor índice de modernidad en tu ser, porque no encajabas con el parámetro de belleza interesante de la época. vos que en vez de tener pelo lacio, tenías rulos, y encima eras morocha y mucho más petisa que la moderna, y te faltaban tetas y te sobraba culo y caderas. y además, tenías la piel color oliva, eras mezcla criolla de indio y de conquistador y de inmigrante campesino. vos que tu nombre era corto y no parecía ni ahí el de una movie star. vos la amabas en el fondo a la moderna, hubieras querido ser lo que ella representaba para vos. ese modelo inalcanzable de celebridad local. al final te dabas cuenta de que la superficial eras vos y de que la moderna hasta en algún punto, era mucho más inteligente que vos que te la dabas de mujer inteligente.
pero vos nunca fuiste popular. de chica eras un poco nerd, un poco tímida, un poco geek, un poco freak, un poco gorda. demasiado introvertida para darte a conocer y con un carácter de miércoles. para sumarle problemas, usabas brackets cuando no estaban de moda y usabas anteojos cuando tampoco estaban de moda. te vestías para el orto con una mezcla de ropa de tu mamá en su adolescencia y de ropa comprada por dos pesos de estilo hippie. usabas polleras de bambula, y aros con plumas, te delineabas los ojos para resaltar su única belleza a color y te pintabas un hindi en el medio de la frente. en el fondo querías ser moderna, o destacarte de la masa, pero es una moderna grasa, de pueblo chico infierno grande.
porque los verdaderos modernos son los que viven en ciudades capitales, en donde el ritmo es mucho más vertiginoso, los cambios llegan y se van más rápido, la novedad es noticia corriente. tenés más opciones y nadie te mira, así que podés ser un cachivache con la conciencia tranquila sin necesidad de provocar que ningún vecino del barrio te catalogue de loquita o de ridícula si decidías usar las medias de red rotas mezcladas con zapatillas y con vestido de feria de artesanos. el pelo largo era una constante, porque el pelo corto era demasiado riesgoso. la tintura siempre tenía tintes rojos granate y no sabías cómo cuernos arreglarte las crines que se encaprichaban todas las mañanas de forma distinta.
vos viajabas de pendeja en el san martín, con tu grupo de amigos alternativos del pueblo, y te ibas a visitar la bondstreet aunque te sentías inhibida y poca cosa. te ibas a tomar mate a plaza francia así escuchabas al imitador eterno de silvio rodríguez y se tenías algunos pesitos de más te comprabas algún arito jipón para usar en el pueblo, o alguna carterita tejida y diminuta para llevar las llaves y la billetera. porque en esa época no existía el celular, y si existía el celular le tenías un profundo desprecio. porque además de alternativa, eras rebelde con causa, pero de pueblo. las drogas las conociste de más grande, y el sexo también. te atrasaste como diez años en relación a la moderna y recién ahora te empezás a sentir plena y a aceptarte así como sos de inadecuada y naif. Pero después de un largo camino, aprendiste a resignarte a ser vos misma.
jamás serás moderna. no te da el cuero. no te gusta la tecnología. te gusta el arte, pero no vas a destacarte en ese campo. es sólo una herramienta y una necesidad que llevás con vos sólo por el mero placer de conectarte con lo sensual de la experiencia creativa. no te gusta la ciudad, de hecho, la ciudad te enferma y te enloquece. ansías profundamente vivir en un lugar que tenga naturaleza y silencio, veredas con tierra, pájaros, zanjas, sauces y grillos. bichitos de luz como los de tu infancia. no te gustan los géneros sintéticos, preferís la lana, el algodón, el lino, la seda. el vino a la cerveza, el fernet a las bebidas blancas. el porro a las pastillas sintéticas. la música autóctona y auténtica que tiene un mensaje en su contenido lírico que escuchas atentamente. te gusta hacer pogo y hacer kilombo. sos medio barderita. preferís sumo a soda stéreo, aceite de oliva a salsa de soja. salamín y queso de cabra a una hamburguesa. colores primarios a colores fluorescentes. luz de vela a luz de neón. peña a rave.

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