("...") Moby, Signs of Love:
Signs of love (I fly so high) Away we could run (then fall so low)
Situación: Susana y Roberto recostados en el sofá, tomando un wiski, muy cómodos, muy pachorros los dos, las panzas llenas, los ceniceros apoyados en el ombligo, fuman, la habitación desordenada como cuando la gente habita sus lugares más de intimidad. Pinta la charla existencial en camiseta y medias, sin antifaces, ni armaduras (quedaron tiradas por allí, en el piso de la habitación, o en personas más ordenadas, colgadas en el guardarropas de la entrada) -Supongamos que ya conocemos a dónde nos llevan estas coordenadas. Supongamos que podemos preveer tomando en cuenta los signos actuales de una situación X como será su proyección aproximada en el tiempo, desplegada en movimiento, acontecer, tiempo. Supongamos entonces que ya conocemos ese viaje, y sabemos de un posible desastre, porque si bien parece nimio en detalle del ahora esa incomodidad rozante, podría llegar a ser catastrófico ese punto proyectado a mayor distancia-espacio. ¿Te subís a este tren o lo dejás pasar?
-Susana, en primer lugar te aclaro algo, me parece que no estás hablando de mi, tal vez estés pensando en otra persona, porque en este
entre nosotros no hay roces. Mirate, mirame. ¿Hace cuántas escenas no te sentías tan cómoda con alguien?
- Roberto, es cierto. No estoy hablando de lo nuestro. Estoy pensando en otra persona, pero ya que estamos a flor de sincericidio, te cuento...
- Dale Susy, no te preocupes por mi. Pero antes recordá que la verdad, siempre con amor, sino es crueldad...
- Roberto, tenés razón. Cuando tenés razón, tenés razón.
- Bueno, Susy, me decías...Ponele que tengamos ya más de setenta años, y estemos en realidad tomando unos mates en el jardín. Contame con quién me pusiste los cuernos, y yo te cuento los míos. Susy, son años, te conozco...
- Roberto, Roberto...nos conocemos tanto que hemos llegado a ser grandes amigos compinches. Con vos siempre me siento tan cómoda...Bueno, te cuento, este dilema. Pero pasó hace años y todavía no nos habíamos conocido. Te lo juro.
- Dale, largá. No me asusta lo que me puedas llegar a decir. Aprendí las dos caras de tu imprevisibilidad. Sé con cual me quedo. Pero las conozco a las dos. Una me hace sentir más vivo que nunca, la otra me clava el puñal cuando menos me lo espero. Ya saqué varios puñales, y también ya viví situaciones que me colmaron las venas de vida y alegría. Largá el rollo y dejá de dar tantas vueltas al pedo.
- Sucedió un poco antes de conocernos. Yo tenía prejuicios con respecto a vos, eran prejuicios superficiales. Te dije muchas veces que la vida a veces es mejor conocerla con los ojos cerrados. Te expliqué que no es evasión. Te conté que los ojos estéticos caben en una habitación de dos por dos, luego me he llevado cada chasco...
- No te entiendo Susy, te empezás a poner confusa, indefinida, como esquivando el escollo. Acordate que tenemos 70 años y estamos tomando mate. Yo te cambio los pañales, vos me das la pastillita y me bañas cuando la cadera se me jode. ¿No te habías sacado el antifaz? Vos me ibas a contar de los cuernos. Yo te iba a contar de los tuyos.
-Bueno, venía de la siguiente situación. He conocido gente en estos años. En esos años conocí mucha gente, estaba en un impass desenfrenado de conocer para conocerme. A veces se me iba un poco la mano, era más impulsiva, todavía más que ahora...
- ¿Más que ahora, Susy? Acordate del jarrón que partiste el otro día. Decí que no me pegó y que te falla la puntería cuanto te sentís insegura. Sino, no sé si la contaba...
- Impulsiva de inconsciente, de curiosa. Algunos le llaman lujuria, pero yo no lo admito.
- Susy, yo sé quien sos. Te dije que nada me asusta que me puedas decir...No vas a lograr espantarme con sarcasmo. Ahora en el momento que me digas de corazón que lo nuestro no va más, ahí ya es distinto.
- Roberto, no iba por ahí la cuestión. Te contaba, trataba de entender en el momento lo que me pasó, antes de conocernos. Yo estaba conociendo gente, y se entiende a qué me refiero.
- Claro que se entiende...andá al grano de una buena vez, que estoy empezando a perder la paciencia...
-Bueno, conocí a un par de gente que me hizo pensar si elegiría una pareja por lo estético y superficial, o por lo que realmente vale de la persona. También sabía que no podía obviar lo estético, pero eso no me colmaba.
- Vos lo decís porque en ese momento yo estaba hecho una ballena, y eso no te cerraba. En realidad a mi no me cerraba el pantalón. Y a vos no te cerraba el ojo con el que me veías. Pero nuestra química iba más allá...Acordate. Además no era sólo química de kamasutra, era comunicación esencial, sin yo de paragolpe. Yo nunca intenté venderte una imagen de mi...Jamás. Lo que soy está a la vista desde siempre, no necesita explicaciones de autoayuda. Ni necesitaba que vos me definieras. Eso te debe haber pasado con el otro, ese cuerno que me estás por contar...
- Tal cual. Bueno, fue así. No voy a dar nombres, más sólo te cuento el personaje en cuestión. Me pasaba que había un punto de superficialidad que me iba al ojo, pero cuando quería ir más allá, porque nunca me conformó el paquete de envoltorio, me encontraba con una pared impenetrable de palabra vacía. Eso me hacía ruido. En realidad era como un espejo perfecto en dónde poder reflejarme, pero me dejaba tan vacía como su proyección. Me absorvía la energía, estaba siempre centrado en si mismo, estaba demasiado obsesionado consigo mismo, hasta el punto de encontrar egoísmo egocéntrico en todos sus anillos de ser. Lo demás era un accesorio lindo de contar. Lo entiendo porque te dije, reflejaba una parte personal, que estaba tratando de dejar atrás. Si. Estaba tratando de dejar atrás, porque en su momento la ilusión había sido fulminante, y por eso mismo inexplicable, pero transitoria.
- Claro, me imagino un encuentro de yoes emperifollados, autoexplicándose a si mismos lo que querían ser, pero olvidando en ese preciso instante ser lo que acontecía. Está bien, lo entiendo. A mi me pasó algo parecido con Marta. Pero con Marta la cuestión era que reflejaba mi resentimiento y ambos compartíamos el no entrar en los cánones bellóticos. Por eso nos poníamos bélicos con la belleza. En el fondo los dos estábamos buscando la belleza que no teníamos. Y nos encontrábamos para despotricar contra eso que tanto anhelábamos, en secreto. Pero al fin y al cabo, era yoico ese encuentro, por la tensión agresiva del prejuicio. Nos hacíamos compañía en nuestros respectivos proyectos de resentimiento envidioso que se catapulta al fracaso.
- Roberto, así que fue Marta...Ya me lo imaginaba...
- Y si, Susy. Es increíble, pero las mujeres tienen un olfato con respecto a otras mujeres...Increíble. Igualmente, no estuve muy discreto que digamos.
- No, la verdad es que no, pero entiendo que si venía del resentimiento, tal vez era esa páliza que no podías dar directa, por la impotencia que te generaba. Entiendo también, que yo siempre sospeché de Marta, Marta me tenía mucho odio. Demasiado odio para mi gusto, como si ese exceso denunciaba por si sólo lo que ella no se animaba a declarar. Marta me hizo las mil y una siempre, pero yo la respetaba y me la bancaba, porque era tu amiga. Era un lugar que yo no podía ocupar. Siempre sentí celos de vuestra amistad, pero siempre sentí que debía protegerla, sólo por el hecho de que era tu elección y tu corazón cuando sentía el puñal, necesitaba del amor no correspondido de Marta. A ella le gustaba estar en las malas con vos. Se sentiría poderosa, sentiría que ese era el lugar que ella quería a tu lado. Yo nunca me metí porque la verdad es que Marta siempre fue una buena amiga tuya. Pero a mi no me bancaba. Hasta allí llegaba su amistad. En si, ahora ya no me importa...
- Y si Susy. Marta siempre fue una amiga muy importante para mi. Ella tenía algunas cosas que vos no, obviamente. Eso creo que no se dice, pero bueno, ya que estamos, lo declaro. Y es como vos lo entendés, Marta tenía un lugar de poder que se alimentaba de mi mal estar con vos. Eso por un lado me hacía sentir comprendido en un nivel que vos capaz nunca llegues a comprender, pero también me hacía sentir desconfiado. Con ella nunca podría haber nacido otra vez. La estructura del vínculo no lo permitía. En tanto yo tuviera problemas con vos, cosa que me hacía sufrir como un desgraciado, ella estaba en su posición de carmelita descalza, curando y lamiendo mis heridas, hechando más leña al fuego. En tanto yo me sintiera un poco mejor, con ella no podía, porque su lugar era el lugar de la necesidad. Si no había necesidad, no sabía dónde ubicarse. Y yo quería divertirme también, pasarla bien. En sí, yo quería estar con vos, pero a vos te agarraban esos ataques y te ibas, y no avisabas y volvías cuando querías. Pero eso no hacía que yo dejara de amarte. Porque siempre pude ver a través de tu sombra, aquella luz atrapada. Y cuando volvías, volvías como encendida y encendías mi corazón, mi mirada y mi amplia sonrisa. Pero después entendía que para volver así como encendida, necesitabas tomarte un tiempo de descanso, y yo aprendí a aceptar que a mi me sucedía lo mismo. Yo necesitaba aire y respiro. Necesitaba alimentarme de otras experiencias, que a tu lado no eran posibles, porque siempre fuiste muy posesiva y necesitada de atención. Pero con el tiempo aprendiste a redimir esa capa falsa de laca yoica, y ya no esperabas mi reconocimiento ni mi necesidad. Volvías porque sabías que aunque te sintieras aventurera por algún rato, necesitabas sentir esa comodidad, esa aceptación incondicional que los dos sabemos darnos, ahora inclusive, a pesar de que hayan pasado tantos años.