Esta foto de la derecha es en el taller segunda vuelta, en La Escalera. Me gusta porque está tomada desde arriba y se ve el círculo que formamos entre todos, esto es un trabajo post cintas. Yo usualmente llego tarde porque resulta que curso en la facu, grupos, con la profesora loca, y llego con la lengua afuera desde el 41 amarillo ahora. Cruzo Santa Fé, agarro Juan B. Justo y desde La Escalera se ve mi querido tren San Martín, el tren de mi abuelo. El tren de Hurlingham, de Sumo, de Divididos, de Pato, de la infancia-adolescencia. El tren tiene una estación que para en Bella Vista. Acá en el círculo somos varios, Marce, Nat, Nina, Grace, Eli, Mariela, el piso de madera y las pinturas. Toda una experiencia que no deben perderse de experimentar. Pintar relaja y conecta.
Bueno, sigue la colgadura extraña de fotos fotos de este último tiempo, de esta última vida, de esta última feria.
Estas son de la llegada a Laprida, ese viaje que me iluminó de algún modo el camino. Acá somos Marce, Fer, Carlos y yo, y nuestras mochilotas, sentados en la escalera de la Municipalidad, esperando que nos vengan a buscar para llevarnos al hospedaje. Bien temprano por la mañana, recién llegados, recién viajados, emociontón. La Muni queda frente a la Plaza de Reunión, dónde nos encontrábamos para proseguir.
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La Plaza, La Iglesia, El Monumento RaRo, me dijero que algo de Art Decó, Puse eso pues. La Muni tiene ese estilo, sillones redondos, un reloj cuadrado, letras rarras, y una luces que parecen antorchas clásicas con ojos modernos.
En un banco de la plaza, el bando se la banca. Llegamos y el tiempo estaba frío, había llovido todo el viaje. Con los días verán, el tiempo-clima fue cambiando. Y nosotros también.
Acá estoy buscando los primeros souvenirs. Diganme si no parezco una palomita negra cagando? Ja!
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El medio de transporte diario, obvien mi cara de "boludona", por fin, ya pasó.
El lugar de hospedaje, un colegio de pupilos de pequeños gendarmes, se llamaba Gamela, quedaba a veinte cuadras del pueblo, pasando las vías y si te desviabas a las vías te ibas al Paraíso y al Cementerio. El paraíso era el balneario y allí pasamos nuestras dos tardes últimas con sol una, con frío la otra. Al cementerio por suerte, no fuimos. Pero dicen que había una escultura de Jesús, también Art decó o algo por el estilo, famosa del lugar.
Nosotros dormíamos en las camas marineras y compartíamos habitación con Laura y con Evelyn, y con Dios de Brasil. Cerca teníamos el baño, que era mixto y que no tenía cortinas. Si nos hemos bañado ahí, un poco frunciendo la desnudez, otro poco mirando de reojo el espacio de la ducha y la pared. Otro JA!
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Luego este menjungue de hilos, cañas, cabezas, en la plaza fue la Apertura, dando comienzo a las jornadas; la temática de este año, las cuatro estaciones. A mi me tocó el color amarillo del otoño, dicen que tiempo de madurez, pero a mi todavía no me ha llegado, tía!
La primera noche de Joda, si ya estábamos entonaditas, no ven el brillo en nuestros ojos? La risa cómplice. Y las ojeras, que eran la huella viviente de nuestro cansancio. Nos levantábamos a las ocho, a las nueve eran los talleres de la mañana. Al mediodía el almuerzo en la sociedad de tanos del lugar. Probamos los choripanes, las ensaladas, las pizzas. Imperdibles. Mucho vino, mucho chocolate también. Eso era de noche, pero post almuerzo, un paseíto por la plaza, y seguíamos en el taller de la tarde, luego con suerte un baño en Gamela y si nos daba el tiempo alguna experiencia cultural. A la que fuimos fue en otro lugar, no recuerdo si otro club, un muchacho que cantaba a Sabina, a Serrat, a Favio, y en sabio a Sandro. Increíble la música, el unipersonal de Cirano y las historias de amor con todas sus estepas y viñedos. Luego seguíamos directo a la carbonada, la fiesta y el transporte de vuelta coordinado, y nos acostábamos tarde, para luego levantarnos temprano. Por eso las ojeras y el cansancio final. Esto es en el Club donde hacíamos la carbonada. Nos acomodaban por mesa, sorteaban los números, nuestra mesa ganaba los primeros lugares, sería que los niños nos querían? nos servían la comida que preparaban ellos, después había fiesta, bailongo, música y exposición de los talleres. Imperdible, e inolvidable.
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Acá una breve muestra, batucada, marioneta y mucho más. Todo preparado por ellos, luego por nosotros algunas cosas de la muestra. La banda, el Clown, las canciones de Patricia Sosa, León Gieco, y otros. Recuerdo, aprendiendo a volar, directo al cuore, sin intermediarios.
Esta es la foto del último día de taller de Danza en Espiral. Una experiencia impresionante. A un costado estamos con Lau, nos encontramos en el cuarto y en uno de los talleres y en el balneario y la semana pasada vino a Bs. As. (es de Bahia Blanca) y también nos encontramos un par de noches porque así arreglamos y de "casualidad" en Av. Santa Fé Diganmé si esto no es sincronicidad?
Luego, aquí con mi capa negra y el susurrador, resultado del otro taller, de poesía, recitando susurrando poesía. Magia. Esto fue en la muestra final, el domingo. No tengo palabras para explicar lo que sentí en ese momento. Pero no era yo. Era otra persona.
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Esta es otra de las muestras finales, del domingo, un dragón y niños, muchos niños grandes y pequeños.
También estaban los adultos, los jóvenes, los ancianos, la gente del pueblo y la gente de otros lugares como nosotros, todos conviviendo y festejando la conclusión final.
Cantamos con la banda todos juntos tomados de la mano, entrecruzados, el amor después del amor. Nuestros deseos unidos. Abajo a la izquierda.
Luego aquí a la derecha, la despedida de Gamela, del viaje, de la experiencia con nuestros compañeros de grupo y de habitación. Evelyn, Laura, Carlos, Fer, io, Marce y el otro Fer, do Brasil. La alegría no es sólo brasilera. Estábamos chochísimos.
Y como despedida, nuestro viaje movido de vuelta en la camioneta de una familia del pueblo que nos llevaba de vuelta del Balneario, a la Plaza. A la casa de cultura, donde estaba nuestro equipaje, en el teatro del pueblo, un teatro antiguo, donde hicimos la espera, post pizza y post tirada del techo a los colchones para la terminal, a volver a Baires. Sin palabras. Sólo hechos. Recuerdos increíbles. Estas cosas que se dan solas sin demasiado plan, se dan parece que fáciles, accesibles en el momento, luego resultan esas experiencias marcantes de la vida. Yo todavía sigo procesando la experiencia. Ni pensar el proceso que se seguirá dando, luego de que haya pasado más tiempo. Si tienen la oportunidad de hacer algo que se les presenta sin mayores inconvenientes, tomenlas, nunca sabrán cuando se volverán a presentar y sólo se presentan en momentos especiales de nuestras vidas. No las desaprovechen.
Esta es del Balneario, la tarde de despedida. Nuestras caras nos delatan el cansancio. Para esto siempre hay un antídoto: Mate amargo. Quieren uno, o pasan? Me parece que me lo tomo yo.
Buen Viaje!
Por siempre, en mi corazón.